Maquetas de madrugada. Breve aproximación al Estilo Rosarino.

Mariana Soto

 

Este ensayo propone pensar el Estilo Rosarino no sólo como una estética que influye a la música y al freestyle, sino como formas de producción cultural que surgen en contextos adversos. La producción creativa va en sentido opuesto a las imposiciones del sistema cultural, donde la violencia circundante, la precarización de la labor cultural, la crisis social y económica,desafían las condiciones para desarrollar un proyecto artístico. Redes autogestivas, alianzas y estrategias que dialogan con su contexto son algunas de las maneras en que Rosario construye e imagina futuros posibles.

 

En Rosario hay un secreto a voces. Todas las semanas y con una constancia casi coral, aparecen nuevas músicas. Músicas irreverentes, potentes. Músicas que no piden permiso al algoritmo de turno e irrumpen en la escena con fuerza y sobre todo, con personalidad. Músicas vivas. El ritmo de la ciudad portuaria se nutre de un movimiento que es lúdico, efervescente, dinámico y tal vez poco premeditado, pero por ello, audaz. El dicho popular de “en Rosario levantás una piedra y hay un artista talentoso” se hace carne en estas prácticas que – lejos de la luz que irradia de las urbes hegemónicas – se mueve y se regodea de circular en los márgenes. Un espíritu trash¹, rebelde e intempestivo, que desafía las reglas – no porque las contemple –  porque construye las propias. Rosario, tiene un estilo. El estilo rosarino. 

Bandas que debutan un martes en un bar de Pichincha², raperos que improvisan competencias casi a diario en las plazas, productores que convierten su cuarto en un estudio y maquetas que se envían de madrugada. Muchas maquetas circulando de madrugada. Si pudiéramos contabilizar la cantidad de audios/ prototipo que circulan cada semana en los dispositivos rosarinos, no saldríamos del asombro. 

Una forma estética donde los géneros musicales nacen hibridados, una poesía vibrante, cruda, melancólica y la tensión política que subyace. No se puede hacer música en la ciudad más violenta del país y ser un tibio. Las canciones nacen fuertes. Pero el Estilo Rosarino es también formas de hacer: colaboraciones, alianzas, rifas, cortes de calle, saqueos, pago de trabajo en cuotas. Todo sea por la obra y por la urgencia, incontenible de crear.

 

Lumiere Estreno Documental Golden Boyz , Tesoros invisibles, Guillermo Turín

Lumiere Estreno Documental Golden Boyz , Tesoros invisibles, Guillermo Turín

 

Lo paradójico es que cada vez hay menos espacios para tocar. Las salas con posibilidad de albergar un proyecto musical en desarrollo con condiciones dignas y comodidades necesarias fueron cerrando a lo largo de los años. Desde el Olimpo, pasando por el Oui Bar, La Chamullera, El Club1518, Berlín, Bar del Mar, Jekill and Hyde, El Espiral, podríamos nombrar miles de soldados caídos en la cruzada de programar artistas locales. Una misión que es difícil a la hora de pensar un modelo de negocio. La convocatoria es difícil, los medios hegemónicos casi no brindan espacios y el público se vuelca siempre a los espectáculos que vienen de la capital. Sin embargo, y casi a contrapelo, cada vez hay más bandas, solistas, productores, djs con propuestas distintivas, capacidad autogestiva y tejiendo redes muchas veces basadas en el amor y la resistencia en conjunto más que en la recaudación. Cada vez más artistas en una ciudad que, muchas veces les da la espalda a sus artistas. Pero esta cantidad no resigna calidad. Inquietos, impulsivos, lúdicos, sí; prolijos, obsesivos del detalle y con producciones creadas en dormitorios o livings con una calidad invaluable, también. Una escena marginal que se vuelve central. 

 

CHAKALERA – Competencia semanal de freestyle, @rome

CHAKALERA – Competencia semanal de freestyle, @rome

 

Rosario está cerca desde hace rato. En los 80, La Trova Rosarina —con figuras como Fito Páez, Juan Carlos Baglietto o Silvina Garré— demostró que desde acá podía irradiarse una sensibilidad que dialogara con el país. Con su propio ritmo y poética, influidos por el río, la periferia, la dictadura y el clima social de la época, un grupo de artistas independientes y jóvenes empezaron a “hacer lo que podían” en cuanto a gestión y logística, con un profundo sentido estético, militante y colaborativo. Tácticas, en el sentido de Michel De Certeau³, que surgen de entre las grietas del asfalto para intentar, algo que parezca flor. 

Cuando no hay industria fuerte, las oportunidades disminuyen. Cuando el Estado decide potenciar desde la gratuidad y promover una ciudad de espectáculos masivos, hay algo que queda afuera. La autogestión y la red, se vuelven imprescindibles. En Rosario se construyen lazos de cooperación que nutren el entramado, tejiendo lienzos alternativos y con fuerte identidad. El Movimiento Unión Groove, Niños del 2000, Majazz,El Qubil y varios sellos y organizaciones a lo largo de la historia han cuidado diferentes aspectos de diferentes escenas atendiendo a problemáticas claras. Falta de estructura, condiciones dignas, no pagar para tocar, arreglos económicos parejos, acceso a determinados venues, son algunos de los problemas a los que te enfrentas si decidís tener banda en Rosario. Lo colectivo ha sido  una forma de abordarlo, y lo sigue siendo, en versiones renovadas.

Algunos optan por irse. Ceden ante la luz cegadora y van hacia ella con la esperanza de volverse incandescentes, algunos lo logran, otros no. Lo cierto es que para muchos ya no es necesario dejar la ciudad para encontrar su camino, de hecho deciden quedarse, es un lugar a ocupar. Rosario no compite con Buenos Aires, marcha a su propio ritmo,  con lógicas fuera de la hegemónica y con un espíritu que une persistencia, red comunitaria y originalidad estética y, sobre todo, creativa, el circuito rosarino propone dinámicas innovadoras, ingeniosas y versátiles(porque realmente no sabemos qué nos puede proponer la próxima) y eso habla de una escena que no se duerme, que lee su entorno y propone en consecuencia. El futuro llegó hace rato.  

 

MONA BONDAGE en Casa Mona, Luciano Scotta

 

La música rosarina hoy reescribe la ciudad,pero no solo en lo estético sino también en el acto simbólico y novedoso de hacer. Cada evento, cada feria, cada ensayo, cada competencia de freestyle es un espacio donde las prácticas se actualizan, donde se pone de nuevo en tensión lo propio: la convicción. Una efervescencia clara y una escena que desafía la narrativa dominante, que se mueve en busca de sus propios objetivos y que no escucha de agendas, porque propone una propia. En un contexto de precarización, con escenas fragmentadas y en desarme, la violencia grita todos los días desde portales y radios. Aun así, los pibes se mueven. Crean. Ocupan. Levantan nuevas trincheras con responsabilidad y sin tregua, como si quisieran cantar más fuerte que la realidad.

En Rosario hay un secreto a voces. Pero cada vez más voces se animan a repetirlo.

 

 

 

Notas

¹ Uso el término “trash” como una categoría estética y política. No lo remito a “basura” en sentido literal, sino más bien para nombrar prácticas que abrazan lo precario, excesivo y desprolijo como forma de producción y posicionamiento. Lo “trash” tensiona el criterio de lo “bien hecho” y habilita lenguajes más libres, híbridos y desbordados. En Rosario, ser trash no se trata solo de una decisión estética sino también de una declaración de principios: una forma de intervenir en el campo cultural desde la irreverencia, la apropiación y el desacato a las jerarquías establecidas. Ser trash está profundamente ligado a las condiciones materiales de la escena — autogestión,  precarización, pocos recursos—, pero también a una voluntad de convertir esas limitaciones en potencia expresiva.

² El barrio de Pichincha es un histórico enclave rosarino que pasó de zona portuaria y prostibularia a polo cultural y nocturno, clave en el desarrollo de la escena independiente, artística y gastronómica de la ciudad.

³ De Certeau, M. (2000). La invención de lo cotidiano. 1. Artes de hacer. Universidad Iberoamericana.

 

Mariana Soto

Mentora, comunicadora y gestora cultural con amplia experiencia en creación de contenido y divulgación del quehacer artístico independiente. Dirijo EN ESA, plataforma enfocada en la cobertura, desarrollo y difusión de la escena cultural/musical de Rosario, brindo capacitaciones y mentorías en industrias culturales, y produzco/comunico/desarrollo artistas como Nasir Catriel, Fasciolo, Natasha Fei, Los Cuentos de la Buena Pipa y CKCK. Contribuí en programas formativos clave como SONARIO impulsado por la Secretaría de Cultura y Educación de Rosario y ZARPAR, donde coordiné el área de música en sus dos primeras ediciones, seleccionando expositores, mentores y talleristas. Participo en charlas, congresos y mesas redondas sobre el ecosistema cultural nacional aportando la mirada práctica de quien lo construye desde el interior del país.

Licencia Creative Commons Atribución, No Comercial, Sin Derivadas (CC-BY-NC-ND). 

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