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¿A merced de los algoritmos? Prácticas de resistencia dentro del campo del arte
Laura Focarazzo
El ensayo se propone analizar cómo operan desde el campo del arte, algunas prácticas artísticas y curatoriales como ejercicios de resistencia algorítmica. Para ello se analiza un corpus de obras que emplean inteligencia artificial en sus planteos conceptuales, logrando cuestionar la dirección hegemónica tecnológica. Por otro lado, se valora el alcance de la praxis curatorial, en tanto campo de re-escritura capaz de desafiar las categorías dominantes y colaborar en la construcción colectiva del conocimiento.
Palabras clave: Arte, Curaduría, Datos, Extractivismo, Sociedad Artificial
Influidos por el scrolling continuo que realizamos en nuestros dispositivos electrónicos, mantenemos una vinculación fragmentada y sesgada con las imágenes. En el entorno digital circulan anudadas a metadatos y participan de narrativas que se generan a partir de indexaciones algorítmicas. Estas dinámicas privilegian ciertas líneas discursivas, presentándose de modo efímero y opaco, con el fin de prolongar nuestra conexión en línea y extraer grandes cantidades de datos. De esta manera, las imágenes logran integrarse no solo a una lógica de mercado sino que además intervienen en relatos que refuerzan estereotipos y sesgos raciales o de género.
En el presente ensayo nos proponemos identificar cómo operan algunos ejercicios de resistencia algorítmica provenientes del campo del arte. A partir de diferentes perspectivas teóricas, asumimos el desafío de hablar en tiempo real acerca del impacto de la inteligencia artificial en la práctica artística y curatorial, con el fin de comenzar a evaluar sus alcances.
Desdibujamiento y difuminación
En los años noventa, el surgimiento y desarrollo de la World Wide Web modificó nuestra forma de vida y marcó un cambio radical en relación a los usos y los alcances de la información. Según el filósofo italiano Luciano Floridi, el giro informacional que se ha estado produciendo desde entonces, nos ha permitido sacar partido de las características cualitativas de la información, más precisamente de las características cualitativas de las relaciones informacionales. Se ha estado volviendo cada vez más complicado que podamos distinguir lo digital de lo analógico, lo online de lo offline. En esta indeterminación gravita el concepto de vida onlife (2013) que introduce Floridi en el documento Onlife Manifesto. En él se plantea el desdibujamiento no solo entre lo real y lo virtual, sino la difuminación de las distinciones entre los humanos, la máquina y la naturaleza; el pasaje de la escasez a la abundancia de información; y el cambio de la primacía de las entidades a la primacía de las interacciones.
Sobre la base de las ideas de Floridi, Lola Almendros profundiza en el giro informacional y propone el concepto de tecnopersona (2020) para analizar las nuevas formas de subjetividad en la infoesfera. La autora afirma que:
El giro informacional, se caracteriza por el desarrollo de la computación sobre aspectos cualitativos de la información. De este modo, la estructura de la informatización de la forma de vida estriba en gran medida en la cuantificación de características cualitativas de la información. Esto nos sitúa en un contexto de metainformación o de big data, donde el halo técnico, prometeico y progresista de las ciencias computacionales ha sido sustituido por un halo marketinesco, salvífico, innovador y omnipresente (Almendros, 2020, p. 280).
Almendros expande la perspectiva planteada por Floridi al introducir el concepto de tecnopersona, el cual define como un modo de subjetividad alienado en el que “(…) el carácter simbiótico de la informatización de la forma de vida anula toda idea de emancipación” (Almendros, 2020, p. 282). Este modo de subjetividad que se ha estado conformando desde el giro informacional se inscribe dentro de la infoesfera, un ecosistema en el que la construcción de los hechos es automática y no autónoma, es tecnológica y no política. Podríamos adelantarnos a afirmar, que este ecosistema estaría afectando al campo del arte, en donde la producción y circulación de las imágenes está mediada por procesos algorítmicos que no solo limitan la autonomía creativa sino la emergencia de postulados críticos.
A partir del confinamiento provocado por la pandemia del Covid-19, el filósofo Eric Sadin sostiene que hemos comenzado a vivir una confusión entre los flujos de la vida y los flujos digitales, intensificando la dinámica descrita por Floridi. El autor afirma que se ha instalado una suerte de Shintoísmo algorítmico, en donde los algoritmos se manifiestan “(…) bajo la forma de espíritus que velan sobre nuestra vida cotidiana, a los cuales les pedimos ayuda y protección permanente” (Sadin, 2024, p. 14). En estos sistemas no hay lugar para el vacío, la pausa o la reflexión. Esto trae como consecuencia un consumo consciente y deliberado de insignificancias en tiempo real, lo que terminaría cimentando el aplanamiento de la cultura (Chayka, 2024). Asimismo, esta dependencia tecnológica exacerbada conlleva implicancias económicas y ambientales. El investigador Agustín Berti, a través de su concepto de Nanofundio (2022), compara el extractivismo algorítmico de datos con la minería, señalando que la industria cultural actual se caracteriza por la captura, almacenamiento y procesamiento de datos para concentrar la producción y distribución mediática. Por otra parte, no solo dependemos de tecnologías que sobreexplotan recursos naturales, sino que además, operamos dentro de un contexto social artificial que moldea nuestras interacciones. En esta línea, la investigadora Flavia Costa propone el concepto de Tecnoceno (2021) para ampliar la noción de Antropoceno (Crutzen, 2000), destacando cómo las tecnologías digitales, incluidas las prácticas artísticas y los relatos curatoriales mediados por algoritmos y metadatos, se desarrollan en un entorno social artificial. Costa sostiene que las inteligencias artificiales generativas, en particular los modelos de lenguaje grandes (LLM) que generan texto en lenguaje humano, no son solo inteligencia artificial, sino una forma de Sociedad Artificial. Estos sistemas, basados en datos, algoritmos y plataformas, aceleran la producción de ciertas dinámicas sociales y culturales.
Desde el 2021 con la aparición del Metaverso, el lanzamiento de Midjourney en 2022 y la actualización de Chat GPT 4.0, en febrero del 2023, es posible identificar el giro intelectual y creativo de la inteligencia artificial (Sadin, 2024). Desde entonces artistas de diferentes disciplinas han comenzado a incorporar estas herramientas en sus procesos creativos. A continuación, analizaremos algunos ejemplos con el fin de poner en relación las perspectivas teóricas que han sido abordadas.
La praxis curatorial
La curaduría implica una profunda comprensión de los entornos culturales, históricos y sociales en los que se producen, circulan y legitiman las obras de arte. Según el curador argentino Marcelo Pacheco (2001), la práctica implica un acto dinámico de dislocación y recolocación de objetos artísticos con el propósito de generar campos de relaciones. En un contexto dominado por la infoesfera y el Tecnoceno, el arte podría presentarse como un campo privilegiado para cuestionar ciertas dinámicas tecnológicas, tales como el extractivismo algorítmico o la homogeneización cultural, entre otras, y proponer contra-narrativas que las desafíen. Entonces, siendo que el rol del curador es clave para lograr identificar las producciones simbólicas del arte y comprender cómo estas son percibidas en contextos históricos y contemporáneos, ¿En qué medida sería posible producir reflexiones críticas utilizando los mismos procesos y lenguajes que proporciona el sistema investigado?
Analicemos el caso de la exhibición virtual So Far So Near, pabellón que formó parte de la bienal The Wrong Biennale en su 6ta edición, llevada a cabo de noviembre del 2023 a marzo del 2024. El corpus reunió trabajos de fotografía digital y analógica, collage, vídeo, ilustración y sonido, de los artistas: Santiago Vitale, Case Western, Ulises Estudio, Sebastian Tedesco, Bruno Mesz, Sofia Crespo, Polina Kostanda, Jeff Zorrilla, Eryk Salvaggio, Lucio Arese, Julien Pacaud y Diana Millán. Bajo la curaduría de Laura Focarazzo, la muestra se propuso indagar sobre narrativas hegemónicas vinculadas con el canon artístico y nuestra cosmovisión. Examinemos seguidamente las condiciones de enunciación de algunas de las piezas que formaron parte del corpus.
Figura 1
Sousveillance of performance, S.Tedesco & B.Mesz, [Video, 2022].
La dupla integrada por los artistas argentinos Sebastián Tedesco y Bruno Mesz, retoma en Sousveillance of performance, la práctica de la auto-grabación. Surgida en el siglo XIX dentro del ámbito de la música, ayuda a planificar y mejorar los elementos expresivos y emocionales al tocar. El análisis computacional de los gestos de quien interpreta la obra, permite colaborar en el proceso de formación de un juicio sobre la calidad de la música. Recientemente los investigadores de la interpretación han comenzado a considerar que este proceso puede verse afectado por la gestualidad del intérprete. La pieza subvierte el uso de tecnologías de reconocimiento facial, vinculadas a cuestiones de control y vigilancia, con el propósito de optimizar la ejecución musical (Fig. 1).
Figura 2
More weight, more cost, D. Millán, [Video, 2023]
En More weight, more cost, Diana Millán, artista e investigadora española, reflexiona acerca del gasto que genera una vida nómade, a partir del peso del objeto, el peso digital y el peso mental, que producen los anteriores. El video muestra un diálogo inquietante entre la autora y la IA, en el cual las imágenes y voces comienzan a fallar ante cada nueva iteración. El peso del objeto podría ayudarnos a dimensionar lo que supone la explotación de recursos naturales no renovables para su manufactura, como es el caso del extractivismo del Coltán, mineral presente en todos los dispositivos tecnológicos. Asimismo, podría asociarse a la carga que representa llevar un modo de vida sin ubicación permanente, pero también, al coste psíquico de sobrecargar con información y archivos digitales, producto del consumo y de la hiperconectividad sostenida. La obra nos ayuda a problematizar sobre la dimensión e impacto de la materialidad física de la inmaterialidad digital (Fig. 2).
Por último, Jeff Zorrilla, cineasta americano, en el video Lick Fire narra reflexiones íntimas en primera persona. Empleando un montaje vertiginoso, incorpora su propia imagen en obras de arte canónicas. La pieza permite problematizar acerca de la representación de los cuerpos humanos que producen los generadores de imágenes de IA. Estos grandes modelos de lenguaje son el resultado de reglas pictóricas y normas morales impuestas por/sobre las industrias digitales, que a la vez son pacatas y sensacionalistas (Steyerl, 2025). De esta manera, este aparente desajuste del modelo, resultaría ser una acción intencionada que libera a las compañías de toda responsabilidad, como por ejemplo, en el supuesto caso que se decidiera crear pornografía ilegal con alguna de estas herramientas.
Tal como señala la investigadora Kozak, la praxis artística “(…) da forma a ciertos modos de ver el mundo en cada tiempo y lugar” (Kozak, 2020, p. 3). Como pudimos apreciar, las obras permiten cuestionar el mito de la inmaterialidad digital, visibilizar las fallas de los modelos o proponer nuevos usos instrumentales de las tecnologías. De esta manera, los artistas logran asumir la dimensión técnica/tecnológica de sus prácticas y toman posición respecto de la dirección hegemónica tecnológica.
Figura 3
Figura 3. Lick Fire, J. Zorrilla [Video, 2023].
Reflexiones finales
La curaduría implica una profunda comprensión de los entornos culturales, históricos y sociales en los que se producen, circulan y legitiman las obras de arte. Según el curador argentino Marcelo Pacheco (2001), la práctica implica un acto dinámico de dislocación y recolocación de objetos artísticos con el propósito de generar campos de relaciones. En un contexto dominado por la infoesfera y el Tecnoceno, el arte podría presentarse como un campo privilegiado para cuestionar ciertas dinámicas tecnológicas, tales como el extractivismo algorítmico o la homogeneización cultural, entre otras, y proponer contra-narrativas que las desafíen. Entonces, siendo que el rol del curador es clave para lograr identificar las producciones simbólicas del arte y comprender cómo estas son percibidas en contextos históricos y contemporáneos, ¿En qué medida sería posible producir reflexiones críticas utilizando los mismos procesos y lenguajes que proporciona el sistema investigado?
A lo largo del presente ensayo hemos podido identificar algunos ejercicios de resistencia estética y política, frente a interfaces algorítmicas que funcionan a favor de la homogeneización cultural y el extractivismo de datos. ¿Cómo rastrear posibles puntos de fuga en un mar de imágenes y metadatos donde parecen desvanecerse la diferencia, la disidencia, la pluralidad y la memoria? ¿Qué clase de narrativas curatoriales serían capaces de desviar ciertas lógicas de indexación algorítmica? La praxis curatorial se ha extendido al espacio informacional, evidenciando las formas de poder y control que lo dominan. La mediación en redes comienza a ser clave para el encuentro de las obras con el público, por lo que algunas exhibiciones y bienales digitales se presentan como cisuras posibles para el ejercicio curatorial dentro de un territorio en disputa. Por otra parte, algunas instituciones han comenzado a recurrir al uso de estas tecnologías para formular lecturas críticas sobre sus acervos, logrando cuestionar, por ejemplo, relatos hegemónicos o bien políticas patrimoniales tradicionales en pos de una gestión colectiva de la memoria.
En un presente inestable, el arte y la curaduría siguen siendo prácticas de resistencia, capaces de generar relecturas críticas que desafían las categorías y los metadatos dominantes.
Referencias bibliográficas
Almendros, L. (2020). Tecnopersonas: sujetos alienados. Intervenciones feministas para la igualdad y la justicia / Danila Suárez Tomé… [et al.] ; compilado por Diana María… [et al.]. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Editorial Jusbaires.
Berti, A. (2022). Nanofundios: crítica de la cultura algorítmica. Adrogué: Editorial de la UNC – La Cebra.
Chayka, K. (2024). Mundofiltro. Cómo los algoritmos han aplanado la cultura. Barcelona: Gatopardo Ediciones.
Costa, F. (2021). Tecnoceno. Algoritmos, biohackers y nuevas formas de vida. Buenos Aires: Taurus.
Fioridi, L. (8 de febrero de 2013). Onlife Manifesto. https://sites.wp.odu.edu/cyse-200/wp-content/uploads/sites/14757/2019/05/CYSE200TManifestoNew3.pdf
Kozak, C. (2020). PosgradoTecnopoéticas/ Tecnopolíticas en Latinoamérica. Área de Comunicación y Cultura. Buenos Aires: Flacso
Pacheco, Marcelo E. (2001). Campos de batalla. Historia del arte vs. Prácticas curatoriales, en Simposio Teoría, Curaduría, Crítica, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, 12-14 de noviembre.
Sadin, É. (2024). La vida espectral. Pensar la era del metaverso y las inteligencias artificiales generativas. Buenos Aires: Caja Negra.
Steyerl, H. (2025). Medios calientes. Las imágenes en la era del calor. Buenos Aires: Caja Negra.
Laura Focarazzo
Magíster en Curaduría en Artes Visuales (UNTREF), investigadora y realizadora audiovisual experimental. Su praxis curatorial se centra en las relaciones entre el arte, la ciencia y las tecnologías. Durante los últimos años ha desarrollado curadurías virtuales y en sala, investigando sobre las instancias de mediación por las cuales atraviesan las artes electrónicas, con el propósito de explorar sus alcances.
Licencia Creative Commons Atribución, No Comercial, Sin Derivadas (CC-BY-NC-ND).
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