El fantasma de la belleza: ¿Cómo hacerse un cuerpo gay/queer deseable?

Rubén Darío Martínez Ramírez. Samy Reyes García 

Siguiendo con la técnica autobiografía y ficcional de Paul Preciado en Testo yonqui (2020), este ensayo intenta producir una autoficción autobiográfica que parte de las experiencias particulares sobre el cuerpo, la delgadez y el régimen escópicopornografico que vivimos cada unx de lxs que escribe para reflexionar sobre cómo tal régimen constituyó nuestra autoimagen mental. Finalmente, nuestro objetivo es teorizar sobre nuestra propia existencia en la producción de un texto híbrido que mezcla filosofía, ficción y biografía como medios para constituir una crítica al régimen escópicopornográfico del cuerpo deseable de la gaycidad/queeridad de la Ciudad de México en el siglo XXI que cada unx vivió particular y localizadamente. Así pues, este texto no pretende ser un reflejo pleno de las realidades gays y queer de todo el territorio mexicano, sino una ínfima muestra de ellas. 

Palabras clave: belleza, deseo, cuerpo, queer, gaycidad.

Solo cenaba y desayunaba una manzana. A finales del bachillerato la fijación por el cuerpo delgado se convirtió en una obsesión. En mi familia se acostumbra a comer en abundancia, sin pena ni persecución. Pero yo comenzaba a sentir el peso de una imagen idealizada sobre mi cuerpo que me impedía disfrutar comer. Mi núcleo familiar nunca me había dicho gordx; no obstante, en algunas reuniones familiares, no faltaba lx tíx que llegaba con el comentario de “estás embarneciendx”. Asimismo, en la televisión aparecían aquellos cuerpos musculosos, delgados, embarnizados que se alejaban a la imagen del adolescente que comenzaba a ser y que despreciaba diariamente. 

En la universidad las cosas empeoraron. El flujo de deseos se intensificó hacia cuerpos considerados como masculinos o andróginos y la reflexión sobre el propio cuerpo se volvió constante en mi día a día. Pienso que fue en este momento cuando la sensación de sentirse deseadx por lxs otrxs produjo la necesidad de la construcción de una autoimagen acorde al deseo de lxs otrxs. Reconocer que era un cuerpo deseable por ser delgadx y joven, me hacía sentir con un valor superior. Sentía que debía hacerme un cuerpo según las exigencias de lxs otrxs. Vivía acorde al deseo de lxs otrxs.  

Así fue como me integré régimen escópico y pornográfico de la mirada gay y, posteriormente, queer de la Ciudad de México. 

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Paco Vidarte dice que “la pornografía no es un metadiscurso sobre el cuerpo, es su puesta en obra” (2021, p. 138). La pornografía es un régimen de la producción material de los cuerpos que crea una forma de mirarse y mirar a lxs otrxs bajo el signo de un deseo que obliga a la autoproducción del yo. Nadie puede escapar puesto que la pornografía no es un producto, sino una estructura social de los cuerpos deseables e indeseables. El cuerpo es siempre pornográfico y se moldea bajo lo que se espera de él según su sexo, género y sexualidad para ser deseable. Esto constituye a las tecnologías del género (De Lauretis, 1989), pero también lo que llamaremos tecnologías del cuerpo deseable. El género, pasado por la sexualidad, no es solo los roles sociales, sino también la producción de un cuerpo deseable eróticamente. Un cuerpo que no cumpla con la imagen que se le asigna social y corporalmente, será marginado. La gaycidad de la CDMX me forzaba a resistir o alinearme a una somatopolítico de las tecnologías del yo (Preciado, 2020; Foucault, 2008) que me hacía autoproducir bajo los mandatos de imágenes simbólicas constituidas a través de los medios de comunicación y los deseos cristalizados de los gays. 

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Frente al espejo yo me sentía un sujeto indeseable. Aunque mi índice de masa corporal me marcaba en una clasificación de “lo normal”,¹ para mí, yo poseía un cuerpo que no terminaba de encajar. A su vez, las aplicaciones de ligue me hacían sentir que no podía ser deseadx, puesto que mi interacción no era tan intensa como quería. Asimismo, comenzaba a observar cómo mi deseo se moldeaba según las imágenes de otros gays de la massmedia que tienen ciertos patrones (blancos, altos, ejercitados o delgados, aliñados y a la moda), a sabiendas que yo no era así. Para volverme ellos, me sometí a dietas y disciplinas para moldearme según los estereotipos de la gaycidad. 

Fue durante esta etapa que descubrí la dieta de la manzana. Una de mis amigas del momento me explicó que en el desayuno y la cena, solo podía comer una manzana y líquidos sin azúcar (aquí empezó mi adicción al café). Con el tiempo la manzana se reemplazó con algún alimento que tuviera pocas calorías: una gelatina o un yogurt sin azúcar. Pasé cuatro años de la universidad con el dolor que produce tener hambre por las noches y unas ganas desesperadas por que llegará el otro día para poder tener algo de nuevo en el estómago. Está distorsión de mi realidad, por supuesto, que me llevó a momentos de fatiga constante que se recompensaban con sentirme deseado por lxs otrxs.  

La autopercepción de verme delgadx incrementó mi confianza en mi relacionxs ante lxs otrxs, especialmente cuando en los bares o las aplicaciones, comenzaba a volverme un cuerpo sexualizable, deseable y ligable. Mi delgadez y juventud me hacían un cuerpo del deseo. Yo ya no era propiamente yo, sino un cuerpo para el otro. 

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La búsqueda por la ligereza es común a todas estas jóvenes. Para borrar estas sensaciones de pesadez recurren a prácticas como el ayuno prolongado, el vómito autoinducido y el uso de laxantes que para ellas son ‘símbolo de una gran liberación’ […]. 

Por último, esta búsqueda por la ligereza es asociada con el deseo de ser activa y dinámica. (Tinat, 2005, p. 105) 

Tinat llama a esto feminización de las mujeres mexicanas. No obstante, esto mismo sucede con la idealización andrógina de los hombres gays sobre sí mismos. La androginia se interpreta, en la mirada gay, como delgadez lo que produce una disciplina obsesiva sobre el cuerpo propio. Queer, bajo el régimen pornográfico de la CDMX, por ejemplo, significó y aún significa tener un cuerpo delgado y masculinamente neutro, sin por ello llegar a una feminización completa. Asimismo, los cuerpos andróginos/queer suelen vivirse bajo el rol pasivo de la sexualidad, mientras que el cuerpo musculoso o fuerte, en el rol activo; esto constituye una genderización binaria de las subjetividades de la gaycidad/queeridad bajo una erótica de la imagen.   

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Una vez más me levanto temprano para salir lo antes posible al gimnasio quitándome horas de sueño y ocio. Paso dos años de mi vida con esta dinámica. Los cambios en el cuerpo son notorios. Me obsesiono con esto al punto de que hay días en que cambio una salida con amigxs para ir hacer mi rutina del día. ¿Para qué ir al gimnasio? La experiencia en el gimnasio como un territorio del deseo y la autoimagen se vuelve crucial: Espejos, música, cuerpos semidesnudos, sudando y tecnificandose a sí mismos. La mirada es importante: desear el cuerpo del otro y a la vez hacerse desear, en muchos casos sin tocarse, sin decirlo (el gimnasio es también una forma de homosociabilidad entre hetero y homosexuales). El baño se vuelve estudio fotográfico donde captar los cambios en el cuerpo. Aquí habita el fantasma de la belleza. El cuerpo en definición, tonificado, “mamado”, se impone frente al resto, pero el twink fit² también reina en el imaginario. El gimnasio se convierte en este siglo en el dispositivo por excelencia del régimen pornográfico.  

Los pasivos tornean su culo y pierna. Los activos aman hacer abdominales, espalda, brazos, los neutros intentan todo el cuerpo. Algunos quieren masa muscular, pero no demasiada. Otros quieren volverse osos mamados, fuertes, capaces de levantar a otro cuerpo delgado. Se disparan los imaginarios de los vídeos pornográficos con sus roles sexuales performados por ciertos cuerpos. Todo bajo el fantasma de la belleza imposible. 

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Big communication, tell me what you want 

Translate your vibration, let your body talk to me” (Rush, Troye Sivan) 

Veo Rush de Troye Sivan. Chicxs delgadxs y tonificadxs, blancxs y negrxs, se divierten en un gran rave entre drogas, sexo, baile y fiesta. Ningún cuerpo gordo o vulgar. Los hot bodies del videoclip de Sivan son el deseo interiorizado de las fantasías queer y gays del momento. Lo queer ahora es una estética mediatizada de cuerpos twinks androgines y/o fits. Los nuevos queers son los viejos gays que me hacían sentir fuera de la ley del deseo. De nuevo frente al espejo, me descubro persiguiéndome, pero rápidamente salgo de la trampa. La teoría me ha servido como curación de mi fantasma de la belleza. 

Ahora escribo una tesis que me ocupa totalmente. Me constituyo una nueva imagen: la de unx intelectual. Este me libera por un momento del régimen escopicopornográfico y me lanza al régimen universitario. Pero de nuevo Vidarte: ningún cuerpo escapa a la pornografía. También lxs académicxs son sujetos del deseo. Todxs estamos sometidos al deseo por y de lxs otrxs. Todxs queremos ser deseadxs por lxs otrxs y hacer desear a lxs otrxs. ¿Qué es escribir sino otra cosa que esperar que lxs otrxs deseen nuestras ideas y someterles consentidamente a nuestro pensar? Escribir es hacerse desear y hacer desear. 

Nadie puede escapar de lxs deseos y del deseo por lxs otrxs. Sin embargo, debemos resistir a sus mortíferos embrujos si lo que queremos es vivir un cuerpo propio. ¿Cómo hacerse un cuerpo propio acorde a una imagen en tensión y desidentificación a las del régimen pornográfico? Esta es la pregunta radical de una estética de la existencia aún por llegar. 

Referencias

¹ Habría que pensar que la “normalidad” en el sistema médico y sus investigaciones constantemente se caracteriza por la idealización de supuestas corporalidades y mentalidades que niegan la posibilidad de cuerpos diversos, atentando y patologizando a cuerpos que no cumplan con ello. 

² Hombre gay con apariencia juvenil, mayormente delgado y con poco vello, que hace ejercicio o trata de mantener un cuerpo escultural, sin llegar a un cuerpo demasiado fuerte o grande 

Fuentes consultadas

Vidarte, P. (2021). Por una política caraperro. Placeres textuales para las disidencias sexuales. Traficante de sueños. 

Preciado, P. (2020). Testo yonqui. Sexo, drogas y biopolítica. Anagrama. 

de Lauretes, T. (1989).  Technologies of Gender. Essays on Theory, Film and Fictioni.  Macmillan Press. 

Tinat, K. (2005). “Aproximación Antropológica de las Relaciones entre Anorexia Nerviosa y Feminidad”, Psicología Iberoamericana, vol. 13, núm. 2, 2005, pp. 104-114 

Foucault, M. (2008). Tecnologías del yo y otros textos afines, trad. Mercedes Allendesalazar. Paidós. 

Rubén Darío Martínez Ramírez 

Es licenciadx en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), licenciadx en Filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México, maestrx en Estudios de Género por la misma universidad. Actualmente estudia el doctorado en Latin American, Iberian, and Latino Cultures en The City University of New York. Colabora en el Programa de Investigación en Cambio Climático de la UNAM. Sus líneas de investigación se centran en las teorías queer, de la disidencia sexual y género, ecología, cambio climático, así como filosofía y literatura del siglo XX-XXI. 

Samy Reyes García

Es licenciadx en Filosofía y estudiante de la maestría en filosofía y en lengua y literaturas hispánicas en la FFyL-UNAM. En el 2023 publicó Territorios Queer, ensayo sobre la sexodisidencia y la constitución de la identidad a través de la territorialidad. Actualmente realiza una tesis sobre María Zambrano y Catherine Malabou en relación con las nociones de poiesis y plasticidad. Sus líneas de investigación son en torno a la Filosofía contemporánea sobre la metafísica y la ontología, la literatura hispanoamericana y los estudios culturales. 

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