Revista Plataforma
- Diego Orihuela Ibañez
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Documento-Simulación: Representación, Materialidad y Gobernabilidad en la Nube
Diego Orihuela Ibañez
El presente ensayo abre la pregunta por la gobernabilidad en el ciberespacio partiendo de dos obras fundamentales de Benjamin Bratton. En un contexto estético donde la inmaterialidad online se presenta como un deslinde de los meollos políticos y económicos offline desde los 90s, el texto propone entender la metáfora de “la nube” como un territorio profundamente material y, en efecto, político que incluso replica tensiones geopolíticas contemporáneas. Para entender mejor el divorcio entre las bases materiales de gobernabilidad y la representación a la cuál hace llamado “lo inmaterial” digital se hace dialogar al anterior autor (inicios del S. XXI) con un pensador del canon (inicios del siglo XX); Walter Benjamin. El análisis del giro fotográfico benjaminiano abre la crítica de una imagen que esconde su materia (mineral, laboral, etc.). Se revela el paso de un “documento-objeto” al “documento- simulación”. Estos planteamientos son una catapulta para preguntas futuras sobre el ciberespacio que, lejos de las promesas de libertad, revelan cómo este replica viejas lógicas de poder extractivistas y de invisibilización del trabajo
Palabras clave: Gobernabilidad – Ciberespacio – Materialidad – Representación – Simulación
Introducción
En el año 2016, el sociólogo y diseñador teórico Benjamin Bratton publicó “The Stack: On Software and Soverignity” con un gran impacto en la comunidad de estudio de medios, diseño y teoría cibernética. “The Stack” propone la interrelación y la interdependencia entre seis capas discursivas para poder mapear las fluctuaciones de gobernabilidad contemporánea yendo más allá del paradigma de estado-nación: Tierra, nube, ciudad, dirección, interfaz y usuario. Este sistema propuesto de capas apiladas una sobre otra permite entender el ejercicio de poder y de control transgrediendo las nociones occidentales de estado-nación establecidas en la paz de Westphalia de 1648. Schmitt vaticinaba un mundo de tensiones entre los emergentes imperios para lograr tomar el control, generar alianzas y gestar pluridiversidades en tensión. El filósofo nombró a esta nueva designación del territorio “el nomos de la Tierra”.
Sin embargo, para Bratton, la visión contemporánea es altamente arquitectónica (no de más el mismo Bratton es también arquitecto). Entender las capas de “The Stack” es entender la nueva estructura parcialmente construida sobre la marcha que resulta en una gobernabilidad sedimentaria: una mega-estructura accidental de computación a escala planetaria. En otras palabras, un nuevo nomos de la Tierra existe entre los espacios de lo virtual y lo físico, entre pasaportes y claves bancarias, entre delimitaciones territoriales y firewalls, entre usuarios con acceso premium y ciudadanos venezolanos caminando las fronteras de países enteros enviando sus geolocalizaciones a través de sus smartphones a sus familias. Las sucursales de google en el Silicon Valley tienen un efecto de eco en las minas del Congo que extraen mineral para la generación de tecnología digital con mano de obra barata en China. La inteligencia artificial que se volvió un nazi del porno en twitter tras 24h de exposición a la plataforma tiene un efecto en las políticas migratorias de la Unión Europea del 2015. Las repercusiones entre lo virtual y “lo real” hacen énfasis en que tal división es más discursiva que práctica.
De cara a esta situación, este ensayo sostiene que la inmaterialidad del ciberespacio es un ocultamiento político. Para defender este argumento, se hace dialogar a Benjamin Bratton con Walter Benjamin a través del análisis del giro fotográfico, la propuesta del “documento-simulación” y, finalmente, la gobernabilidad de la nube.
El problema de la representación
En el 2019, Bratton escribió “The Terraforming” como parte de una serie de ensayos más abiertos sobre el concepto de diseño, geoingeniería y terraformación preparando lo que sería el programa Terraforming anidado en el Instituto Strelka en Moscu. Es aquí donde vale la pena poner en cuestión algunas dudas sobre la primera aproximación de Bratton en “The Stack” sobre el ciberespacio como un posible nomos de la tierra contemporáneo y cruzarlo con los apuntes de la terraformación como proceso de diseño y geoingeniería. A continuación, pondré en conversación algunos de los apuntes más relevantes de la obra reciente de Bratton con otros y otras autoras del pensamiento crítico contemporáneo (grandes nombres y pequeños nombres) para poder navegar de manera más compleja la pregunta del nomos en la nube y si existe un proceso de terraformación en este nuevo territorio inmaterial.
Para cualquier persona empapada de la historia del arte occidental, la fotografía fue un gran punto de inflexión en el paradigma de la representación. Por más de 500 años, la mimesis artesanal (sea la pintura, la escultura, el dibujo, etc.) logró ser archivo y objeto contemplativo al mismo tiempo. La capacidad para transformar eventos temporales tales como coronaciones, guerras, ficciones o vida cotidiana en imágenes bellas que a la vez actuaban como registro y prueba de tales eventos alimentó la cultura visual de occidente y solidificó las bases de sus tradiciones e historia. Las capacidades de representación, sin embargo, lidiaban con problemas de índole técnica y humana tales como el generoso tiempo que tomaba la realización de una pintura, los intereses propios en tal representación o el costo de su manufactura. El registro distaba de ser “neutro” por las razones mencionadas, pero conseguía ser un documento-objeto de valor cultural y epistémico.
La llegada de la fotografía cambia las nociones de este documento-objeto, de su valor, de su función social y, por lo tanto, de sus problemas técnicos y humanos. La cámara consigue con mayor rapidez el develado de una imagen con mejor precisión en la fidelidad mimética y a menor costo. Sin embargo, el dote más importante es uno invisible: la aparente autonomía mecánica de su funcionamiento garantiza quitar del camino cualquier subjetividad e interés personal del o de la artista. Actualmente, es entendido que el delirio de la neutralidad fotográfica es obsoleto, la toma de imagen es el resultado de una serie de decisiones profundamente ligadas, aún, a criterios humanos¹. Sin embargo, la rapidez y la “mecanicidad” del proceso diluyen la huella humana de su factura permitiendo que un halo de automatismo se erija, al menos, en el imaginario popular. Este halo parece beneficiar gran parte de la tecnología, incluso aquella de nuestros días, el software esconde al hardware que a su vez esconde a la labor humana, la explotación, el interés y la subjetividad.
Pero donde la forma humana se retira de la fotografía, allí, por primera vez, el valor de exhibición obtiene lo mejor del valor de culto. Y es haber preparado el escenario para que ocurra este proceso lo que le da a Atget, el hombre que capturó tantas calles desiertas de París alrededor de 1900, su significado incomparable. […] Con Atget, las fotografías se convierten en exhibiciones en el ensayo que es la historia. (Benjamin, 1935)
Como señala Benjamin en este fragmento de su tan conocida “La Obra de Arte en la Época de su Reproductibilidad Técnica” de 1935, la fotografía reemplaza a la pintura en tanto un documento-objeto. Incluso, lo instantáneo, versátil y ligero de sus resultados hacen que sea muy atractivo omitir el lado material y físico de este sistema. Este lado material queda parcialmente borrado. Debido a la fascinación por lo instantáneo, neutro y automático, la fotografía parece haber arrancado la palabra ‘objeto’ de la fórmula clásica. Este giro del archivo visual vuelto casi autónomo y escondiendo su plena materialidad en occidente puede ser equiparado con el punto de inflexión cultural en Europa que significaron las tesis de Copernico. Bratton apunta: “décadas antes, cuando Edmund Husserl apuntó a ‘derrocar la teoría copernicana en la interpretación habitual de una visión del mundo’ porque trastornó al ‘Hombre’ desde su horizonte inicial, y porque ‘el arca original [arco], la Tierra, no se mueve’ testificó cuán profundamente incompleto fue y es el giro copernicano en la filosofía” (2019, p. 6). En ambos casos, el mundo circundante humano es entendido a través de la representación de nuevas e inesperadas maneras.
En el caso del giro copernicano, se puso en inestabilidad los flujos humanistas nacientes en la Europa proto-renacentista: el ser humano y su mundo no eran más el centro del universo conocido. Relegar la experiencia humana (y todo su conocimiento) a un vecino con la misma categoría periférica que Marte o Venus en el sistema solar es mudar enteramente un centrismo deísta de siglos a un modelo de observación analítico de los fenómenos. “El lamento del alumno de Husserl, Martin Heidegger, escuchado en su conferencia de 1938 “La edad de la imagen del mundo”, en la que nos advierte sobre cómo la abstracción mecánica moderna convierte al mundo en sí en una imagen, parece escalofriantemente pintoresco cuando se vuelve a leer en el contexto de lo planetario… ahora se convierte en el medio físico por el cual escanean hacia las profundidades” (Bratton, 2019, p. 6). La representación del mundo sin la intromisión (conceptual) del humano es la fantasía de la autonomía maquinaria a través mimesis. El mundo se toma una fotografía a sí mismo y el resultado es la primera imagen sin huellas dactilares humanas en ella.
Conclusiones
¿Un sublime representacional en la tekhné? Manteniendo a raya los juicios kantianos, es importante extraer la conclusión de esta primera parte. Las capacidades de reproducción mecánica que abre la fotografía – y luego se expanden al cine, el diseño 3d o la realidad virtual – acarrean una nueva concepción del mundo sin perder de vista las bases planetarias. La imagen análoga esconde su materialidad al igual que la huella humana y se erige autónoma. Sin embargo, el aura benjaminiana se aferra a la materia de alguna u otra manera. Una polaroid de hace 50 años es ahora un papel amarillento y es en este gesto que la materia se ha develado a sí misma como triunfante. Sin embargo, en el caso de la representación digital, la proyección de la representación (es decir, pantallas simulando paisajes, desplegando rostros parlantes, mostrando números y replicando voces humanas) se mantiene suspendida en el tiempo y en el espacio. ¿Dónde residen las fotografías de un bautizo en un google drive? ¿Dónde habita la voz de mis empleadores en una reunión zoom? ¿Qué sostiene este documento mientras lo estoy redactando en Word? La materia está exitosamente escondida, mucho más exitosamente divorciada e invisibilizada que con la fotografía análoga. Pasamos así, de un régimen de documento-objeto a uno de documento-simulación.
Notas
¹ “Hay algo que se extiende más allá de la acción del fotógrafo, y ningún fotógrafo, ni siquiera el más dotado, puede reclamar la propiedad de aquello que aparece en la fotografía. Cada fotografía de los otros atestigua las trazas del encuentro entre las personas fotografiadas y el fotógrafo, ninguno de los cuales puede, por sí mismo, determinar cómo será inscrito este encuentro en la imagen resultante” (Azoulay, 2008).
Referencias bibliográficas
Azoulay, Ariella (2008). The Civil Contract of Photography. Cambridge: MIT Press.
Benjamin, Walter (1969 [1936]). The Work of Art in the Age of Mechanical Reproduction, Illuminations, Ed. H. Arendt. New York, Schocken.
Bratton, Benjamin (2015). The Stack: Software and Sovereignty, Cambridge, Massachusetts, MIT Press.
Bratton, Benjamin (2019). The Terraforming, Moscu, Strelka Press.
Schmitt, Carl (1950). The Nomos of the Earth in the International Law of Jus Publicum Europaeum, PUF, Presses universitaires de France, 2012.
Diego Orihuela Ibañez
Artista e investigador peruano, residente en Lima, Perú. Bachiller y Licenciado en Artes en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), Master CCC (Critical Curatorial Cybermedia) en la Haute École d’Art et Design (HEAD) en Ginebra, Suiza; y Doctor en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Cergy-Paris en París, Francia. Su investigación aborda la ecología y la tecnología desde enfoques decoloniales, queer y feministas, a través del arte y la ficción.
Licencia Creative Commons Atribución, No Comercial, Sin Derivadas (CC-BY-NC-ND).
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