¿Cómo sobrevivir al fin del mundo en el Antropoceno? Develando posibles futuros desde la bioestética y la ficción

Elsa María Beltrán Luengas,
Alejandro Villaneda Vásquez,
María Patricia Barajas Salamanca,
Viviana Osorno Acosta.
 

Resumen

Como respuesta a la pérdida de la biodiversidad del Antropoceno, diseñamos un ritual de adivinación que incluye cuatro escenarios futuros y unos kits de supervivencia para cada uno de ellos: hibridación humanimal, transhumanismo, pureza humana e hibridación plantimal. Para ello, seguimos los principios del diseño especulativo y tomamos varios referentes del bioarte a fin de producir movilizaciones afectivas. En este ensayo visual, exploramos el vínculo entre las sensaciones producidas por la manipulación de los materiales y los sentidos que emergieron en nuestro proceso de conformación plástica, desde la perspectiva de la creación. Nos basamos en los conceptos de bioéstetica y ficción para analizar cuatro narrativas de nuestra autoría, cada una correspondiente a un tipo de futuro y a modo de introspección. Estos recuentos personales, redactados en primera persona, acompañan las imágenes de cómo nos imaginamos que pueden funcionar algunos de los productos ficticios incluidos en los kits e incorporadas en este ensayo. Concluimos que la creación especulativa da apertura a modos alternativos de articular la realidad y a desarrollar la habilidad de responder frente a los desafíos de la contemporaneidad.

Palabras clave: Antropoceno, bioestética, diseño especulativo, emoción, ficción.

 

Introducción

Los antiguos refranes, aunque son ruinas de historias llenas de sabiduría, como alguna vez lo propuso Walter Benjamin (1936, p. 16), están desapareciendo. Asimismo, desaparece la biodiversidad (Kolbert, 2015, pp. 10-11). Como resultado, nos afecta la solastalgia, emoción que consiste en una suerte de tristeza combinada con miedo, causada por la inminente extinción de la vida planetaria (Albrecht et al., 2007, p. 96).

Donna Haraway (2016, p. 1) sugiere que, en la era del Antropoceno, caracterizada por el cambio terrestre a manos de la acción humana, tenemos la posibilidad de responder a los eventos catastróficos estando realmente presentes. Para acoger esta propuesta, diseñamos una experiencia que comprende un ritual de adivinación—un oráculo—que tiene como propósito identificar un tipo de futuro en el contexto del Antropoceno y la entrega de un kit de supervivencia para el fin del mundo. Los rituales de adivinación se pueden definir como prácticas culturales orientadas a revelar las causas invisibles de los acontecimientos futuros. En este marco, un oráculo actúa como un dispositivo material que, mediante símbolos, permite formular interpretaciones tanto a nivel individual como colectivo (Espírito Santo, pp. 1-2). Por lo tanto, nuestra intención de proponer un oráculo consistió, de un lado, en hacer alusión a las posibilidades de establecer líneas de comunicación con el inconsciente colectivo y al acceso a estados de consciencia incrementada (Nichols, 1988, p. 13); y de otro lado, nos interesaba contrastar la evocación a la magia ceremonial, usualmente vinculada a lo irracional y primitivo, con el desarrollo tecnocientífico, asociado con la alta cultura, lo contemporáneo y lo netamente racional (De Martino, 2015, p. 15).

El oráculo consta de una baraja de 12 cartas, estilo tarot, cada una inspirada en obras de bioarte¹. Dichas cartas se agruparon en tres conjuntos asociados a cuatro tipos de posibles futuros: hibridación humanimal, pureza humana, transhumanismo e hibridación plantimal. 

 

Figura 1. Lectura de cartas del oráculo. Fotografía de Alejandro Villaneda, 2026.

 

De igual forma, conformamos cuatro kits de supervivencia según cada tipo de futuro derivados de dichas bio-obras, siguiendo los principios del diseño especulativo. Este consiste, según Dunne y Raby (2013, pp. 34-45), en imaginar productos y servicios biotecnológicos que se insertan en el mercado, al proponer soluciones que sean funcionales y producibles en serie, en el marco de escenarios imaginados, pero posibles, dada la velocidad del avance tecnológico. La pareja busca comprender la sociedad occidental a través de la observación de sus productos industriales y sugiere que, aunque podemos participar en discusiones morales, éticas y políticas, cuando nuestro impulso es el consumo, tendemos a suspender ciertas convicciones. En ese orden de ideas, la creación especulativa posibilitó la inscripción de algunos de los conflictos éticos característicos del mundo contemporáneo—particularmente aquellos relacionados con el desarrollo tecnocientífico— en el plano material, con el fin de detonar ciertas ansiedades que tienden a invisibilizarse. El proceso creativo fue estructurado de acuerdo con las fases de contextualización — exploración de realidades y experiencias encarnadas y situadas —, detonación — asunción de una postura e intención de señalar o visibilizar algo — y conformación plástica — materialización de la propuesta — (Ballesteros Mejía y Beltrán Luengas, 2018, pp. 41-42). Este ensayo visual se ocupa, sobre todo, de las fases entre detonación y conformación plástica puestas en iteración constante y en las que emergían nuevas posibilidades de especulación. Lo anterior porque nuestro interés es dar a conocer las afectaciones subjetivas que se produjeron en el equipo creador y hacer visible cómo se iban inscribiendo los sentidos detonados por una imaginación de carácter eminentemente moral (Johnson, 1993, p. 2).

La experiencia propuesta parte de la escogencia de una carta cuya imagen llame particularmente la atención la audiencia. Luego, se propone que cada persona que explore la obra a la que hace referencia la carta y haga un ejercicio de introspección, a fin de verbalizar cómo le afecta su contemplación, mediante la identificación de emociones específicas, mediante un calibrador de emociones. 

 

Figura 2. Calibrador de emociones. Fotografía de Alejandro Villaneda, 2026.

 

Una vez hecho este ejercicio, se entrega el respectivo kit de supervivencia asociado un tipo de futuro definido por la escogencia de la carta.

 

Figura 3.Kits para sobrevivir al fin del mundo. Fotografía de Alejandro Villaneda y María Barajas, 2026.

 

Este ensayo visual tiene como propósito ilustrar, de la perspectiva del proceso creativo, los modos de afectación de la conformación plástica. Particularmente, haremos hincapié en cómo el profundo contacto con los medios, las materialidades y las narrativas que construimos para diseñar la experiencia, produjeron cortocircuitos en la relación entre apariencia y asignación de sentido. Para ello, se analizarán breves narraciones, una por cada tipo de futuro, de nuestra propia autoría y basadas en nuestra experiencia creativa, en las que describimos esta afectación. La lectura ofrecida se hará, de una parte, desde el concepto de bioestética, entendido como el “umbral indeterminado entre la materialidad percibida, la sensación, la afectación, la emoción, sus posibilidades de significado e, incluso, las posturas políticas de los sujetos” (Beltrán Luengas, 2023, p. 469); y, de otra parte, desde la propuesta de la ficción como una realidad que se encuentra en pleno despliegue y que, en ese movimiento, permite develar otras posibilidades de asignación de sentido (Haraway, 1989, pp. 3-5). Al ser un ensayo visual, nuestro argumento está dado, esencialmente, por la movilización emocional que logren provocar las imágenes, producto de nuestro proceso creativo, aquí incluidas.

 

1. Hibridación humanimal

 

Figura 4. Kit de hibridación humanimal.Fotografía de Alejandro Villaneda, 2026.

 

En este escenario, gracias a la tecnociencia, los límites entre especies se borran y se hace posible combinar especies filogenéticamente muy distantes (Kac, 2003, p. 100), hacer transfusiones de sangre equina a personas humanas (Laval-Jeantet, 2011, p. 152) y producir embarazos interespecíficos. Como lo propone Ai Hasegawa en su obra I Wanna Deliver a Dolphin, una mujer humana podría, eventualmente, tener la posibilidad de gestar y dar a luz a un animal no humano en peligro de extinción, como un delfín, un Oso Panda o un leopardo (Vaage, 2020, pp. 66-68).

 

Figura 5. Persona extrayendo un cigoto de delfín para autofecundación. Fotografía de Alejandro Villaneda y María Barajas, 2026.

 

Dentro del kit del escenario de hibridación humanimal, se encuentra un dispositivo de inseminación artificial casero que incluye un cigoto de delfín. Es rosado, translúcido gelatinoso y resbaloso. Se conserva en una sustancia blancuzca, viscosa y brumosa. Al tacto, es pegadiza, como los fluidos corporales animales. Siento repulsión. Quizás se deba a la tendencia que tenemos de negar nuestra propia condición de animalidad (Nussbaum, 2008, p. 165). Observo la forma de cuerpo de mujer en edad fértil del envase que contiene el cigoto. Debido a su transparencia, da la impresión de ser la miniatura de alguien recién embarazada. La repugnancia se acentúa cuando veo que también hay un delgado tubo flexible para transferir el cigoto al útero. Me estremezco de solo pensar en cómo se debe utilizar. Una sensación de asco y miedo me recorre el cuerpo. Extraño e intempestivo es ese afecto que algunos llaman horror y otros, abyección. Intento profundizar en mi emoción, intentando vencer la incomodidad. Poco a poco va aflojando y percibo el componente de fascinación de la abyección (Kristeva, 1980, p. 17-19). De repente, recibo un golpe de realidad. El horizonte del mundo se ensancha y caigo en la cuenta de algo tan obvio como tan profundo: los límites entre las especies que se nos ofrecen como unívocos, no son más que construcciones culturales arbitrarias. Después de todo, podemos decidir formar una gran familia de humanimales. Nuestros lazos de consanguinidad serían unos más distantes y otros más cercanos. Ahora me resulta evidente que existe una infinidad de posibilidades de darle sentido a la realidad.

 

2. Transhumanismo

 

Figura 6. Kit de transhumanismo. Fotografía de Alejandro Villaneda, 2026.

 

El transhumanismo propone como escenario la fusión entre cuerpo y artefacto. Nuestras frágiles corporalidades se pueden mejorar, mediante la incorporación de componentes de alta tecnología (Vita-More, 2023, pp. 73-82). Lo biológico resulta difícilmente reconocible, debido a que robots e inteligencias artificiales han adquirido características que pensábamos, eran esencialmente humanas. Por ello, se requerirán pruebas para validar si estamos ante la presencia de un robot o una persona humana (Wyse, 2019, párr. 9). 

 

Figura 7. Persona comiendo plástico como fuente de alimento para sobrevivir. Fotografía de Alejandro Villaneda y María Barajas, 2026.

 

En el Antropoceno más tardío, el mundo estará sobrepoblado y con menor capacidad de producir alimento debido a sus tierras estériles y contaminadas. Es para este escenario imaginado que Dunne y Raby (2013, pp. 151-157) diseñan dispositivos que nos permitan alimentarnos de casi cualquier cosa. Nuestro carácter fenotípico (Andrade, 2000, p. 149) sumado a la tecnología, nos hace pervivir en un planeta saturado de artefactos que se usan, se desechan y se reincorporan. 

El acto de comer pierde su dimensión sensorial placentera, cuando no nos queda más alternativa que poner plástico en nuestra boca para sobrevivir. El ciclo de vida de los productos ya no finaliza cuando se dejan de usar. Ahora se les incorpora a los materiales la dimensión gustativa, de manera que nos los podamos comer. El sabor amargo de lo no comestible se hackea. Es un mecanismo de supervivencia. Al fin y al cabo, comernos nuestros residuos no produce tanto asco como comernos nuestros propios desechos corporales. Aquellos no se descomponen, no huelen a podrido. El artefacto que se ha transformado en residuo, nos habla de una experiencia de lo que fue nuestro pasado efímero: experiencias reincorporadas, sin sabor, olvidadas, reemplazadas. El pellet de plástico puede ahora usarse para fabricar y para alimentar. En ambos casos, se requieren artefactos para sintetizarlo. La física lo derrite, lo moldea; la química lo sintetiza, lo descompone. Estos procesos nos mantienen en un continum vital, no obstante, plano y desabrido. Así, se desvanece la emoción de vivir. El sabor a plástico es la amargura de estar vivos. Aun así, cada mañana nos levantamos. 

 

3. Pureza Humana

 

Figura 8. Kit de pureza humana. Fotografía de Alejandro Villaneda, 2026.

 

El escenario de la pureza humana surge como una respuesta imaginada ante un futuro de crisis ambiental y posible extinción. La biotecnología no se utiliza para transformar al ser humano, sino para preservar su identidad biológica. Obras como The Young Family de Patricia Piccinini (Beltrán Luengas, 2023, pp. 223-228) proponen la creación de cuerpos híbridos que funcionan como reservorios de órganos para proteger la integridad humana; Microvenus de Joe Davis (1986, pp. 70-72) plantea el almacenamiento del ADN como archivo capaz de garantizar la continuidad de la especie; y Genpets de Adam Brandejs (2004, párr. 3) desplaza la manipulación genética hacia las mascotas, lo que deja intacto el núcleo humano. Así, la pureza no implica ausencia de intervención, sino su redirección estratégica hacia la otredad.

 

Figura 9. Persona suturando parche de piel extraído de un humanimal. Fotografía de Alejandro Villaneda y María Barajas, 2026.

 

La imagen de la persona que sostiene un parche de piel y una aguja me despierta una emoción ambivalente. Siento temor, no tanto por el procedimiento técnico, sino por la experiencia corporal que imagino: la frialdad del metal atravesando la piel, la resistencia del tejido, la tensión del hilo cerrando la herida. Mi vista se fija en el detalle del parche; el tacto se activa de forma imaginada y me hace anticipar el ardor, el pulso acelerado y la contracción involuntaria del abdomen. Al tiempo, admiro la posibilidad de autocuración del potencial tecnocientífico, especialmente cuando el tejido es hecho a medida para evitar rechazo. Sin embargo, al pensar en su origen, me inquieta el sacrificio implícito y siento compasión por ese otro cuerpo que queda incompleto. La idea de incorporar un tejido vivo (húmedo, baboso, elástico, grasoso y orgánico) me provoca incluso una leve náusea. Mi estado emocional oscila entre fascinación, por la innovación, y repulsión, ante la materialidad de la vida intervenida. La escena funciona como una ficción en movimiento que hace imaginable otra faceta de lo real, de forma que se hace posible cuestionar críticamente los límites contemporáneos de lo humano.

 

4. Hibridación plantimal

 

Figura 10. Kit de hibridación plantimal. Fotografía de Alejandro Villaneda y María Barajas, 2026.

 

En este escenario, las personas humanas evolucionan para hibridarse con plantas. Su herencia no son hijos, sino jardines que reemplazan las grandes ciudades. Este futuro demanda la creación de artefactos para estos nuevos plantimales, que requieren renovar sus interacciones con el entorno en todos los aspectos, incluso en el ámbito sexual. El kit propone dispositivos generadores de placer para plantas, como en la obra PSX Consultancy (Lin et al., 2015, p. 2). Dadas las proezas de la biotecnología, el kit contempla también la posibilidad de introducir ADN humano en una petunia (Kac, 2008, párr. 1) y el reemplazo de las espinas de un cactus por pelo humano (Cinti et al., 2004., p. 44).

 

Figura 11. Planta estimulada por un dispositivo de tentáculos peludos y cuerpo siliconado usable en dedos humanos. Fotografía de Alejandro Villaneda y María Barajas, 2026.

 

Tanto las flores como el dispositivo en la fotografía parecen estar hablándome el mismo lenguaje. Ambos buscan energía y dependen de un elemento extensor para funcionar: un tallo y un dedo. También comparten módulos rosados aterciopelados de diferente intensidad. La flor tiene pétalos y tentáculos suaves y poco resbalosos. El dedo, por su parte, parece señalar, acariciar, llamar y atraer… Me recuerda a otra extensión humana. No logro definir si la fotografía me parece divertida o absurda… Esa luz fucsia seductora me confunde. Inconscientemente, mi dedo parece querer unirse a la escena. De hecho, mientras escribo, lo veo jugar. Percibo elementos flotantes que parecen salir de las flores o ir hacia ellas. ¿Acaso están complacidas y es su forma de mostrármelo? 

Al diseñar el artefacto, me cuestiono seriamente qué tanto me gustaría ser planta o facilitar a otros que lo sean. No sé si esa quietud me guste. Estar al servicio de otros, inmóvil y aferrada, me hace sentir vulnerable; peor aún: en un pésimo matrimonio. Probablemente yo sería una planta con flores bonitas y muchas espinas. Sería importante poder defenderme, aunque el precio fuera mantener alejado a cualquier pretendiente. ¿Qué tan cerca está el día en que sea preferible ser planta?

 

Conclusiones

En este ensayo visual mostramos cómo la creación especulativa y el vínculo profundo con las materialidades vigorizan nuestras capacidades sensoriales, reflexivas e introspectivas. El proceso creativo consistió en imaginar y habitar provisionalmente los afectos, las tensiones y las ambigüedades de posibles futuros mediante el contacto con formas, texturas, imágenes y narrativas que tomaron cuerpo durante la conformación plástica de los kits y de las escenas que los acompañan. En ese tránsito, la manipulación de materiales, la construcción de artefactos ficticios y la escritura de relatos en primera persona actuaron como dispositivos estéticos que posibilitan la movilización de respuestas corporales y emocionales que desestabilizan las fronteras entre lo real y lo imaginado. Leído desde la bioestética y la ficción, este proceso revela cómo la experiencia estética puede convertirse en un espacio de experimentación sensible donde apariencia, significado y emoción se entrelazan, permitiendo que imágenes y objetos funcionen como mediadores que intensifican la percepción y abren otras posibilidades de asignación de sentido. Así, imaginar futuros en el Antropoceno se configura como una práctica situada que compromete al cuerpo, a los sentidos y a la imaginación moral. En nuestro caso, esta exploración se articula a través de un dispositivo oracular que propone interpretar señales materiales y simbólicas para orientar la reflexión sobre lo que podría venir con base en lo que existe hoy. En este sentido, el diseño especulativo se revela como una forma de pensamiento estético que permite ensayar futuros posibles e interrogar críticamente los imaginarios tecnocientíficos que orientan nuestro presente. Las emociones que emergen en el proceso, como fascinación, inquietud, repulsión o extrañamiento, operan como señales que interrumpen la naturalización de ciertas ideas sobre lo humano, lo tecnológico y lo viviente. De este modo, se da apertura a modos alternativos de articulación de la realidad y se fortalece nuestra capacidad de responder, en el sentido profundo de asumir responsabilidad, frente a los desafíos del Antropoceno y del desarrollo tecnológico que, con frecuencia, se presenta como solución incuestionable para todo. Nuestro objetivo con esta propuesta didáctica ha sido provocar disrupciones en el tejido sensible de la experiencia y permitir que lo que parecía una realidad unívoca se revele como un campo abierto de futuros imaginables.

 

 

Nota

¹ El bioarte es un tipo de creación artística que busca incluir seres o elementos vivos en sus obras, con el propósito de detonar reflexiones sobre las implicaciones de la intervención tecnológica de la vida (Beltrán Luengas, 2023, p. 18).

 

Referencias

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Elsa María Beltrán Luengas

Antropóloga y magíster en antropología de la Universidad de los Andes y Doctora en bioética de la Universidad El Bosque (Colombia). Actualmente es profesora asociada de la Facultad de Creación y Comunicación y miembro titular del comité institucional de ética en investigación de la Universidad El Bosque, en calidad de experta en investigación-creación. Su trabajo sobre la epistemología y metodología de la investigación artística se ha convertido en referente regional. En los últimos años, se ha interesado en la comprensión de la capacidad del arte para vigorizar nuestras facultades sensoriales, reflexivas y de pensamiento crítico.

Alejandro Villaneda Vásquez

Diseñador industrial de la Pontificia Universidad Javeriana, especialista en Docencia universitaria y Estudiante de la Maestría en Educación Inclusiva e Intercultural de la Universidad El Bosque (Colombia). Tiene estudios de especialización en filosofía de la ciencia y de doctorado en Diseño, Fabricación y Gestión de Proyectos Industriales. Ha desarrollado modelos de diseño para la valorización del territorio y centrado su reflexión en el papel de la estética frente a la crisis ambiental. Actualmente es Profesor Asociado de la Facultad de Creación y Comunicación de la Universidad El Bosque, donde tiene a cargo los cursos de Cultura Material e Investigación-Creación 1.

María Patricia Barajas Salamanca

Diseñadora industrial egresada de la Universidad El Bosque y estudiante de la Maestría en diseño para la innovación de productos y servicios de la Pontificia Universidad Javeriana (Colombia). Ha desarrollado productos de diseño industrial, gráfico y de vestuario para proyectos de investigación en la facultad de ingeniería de la Universidad Nacional de Colombia, así como artefactos producto de procesos de investigación-creación para la Universidad El Bosque. Tiene dos experiencias de emprendimiento, una de ellas relacionada con la psicología social del vestuario.

Viviana Osorno Acosta

Bióloga de la Universidad de los Andes, Magíster en Conservación y Uso de la Biodiversidad de la Pontificia Universidad Javeriana, Doctora en Bioética y Especialista en Docencia Universitaria de la Universidad El Bosque (Colombia). Actualmente se desempeña como docente-investigadora en la Facultad de Ingeniería de esta última. Su trayectoria integra las ciencias de la vida con la reflexión bioética y estética sobre las transformaciones contemporáneas de la biodiversidad y el ambiente y explora críticamente las tensiones entre tecnociencia, sostenibilidad y experiencia sensible

Licencia Creative Commons Atribución, No Comercial, Sin Derivadas (CC-BY-NC-ND). 

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